A don Alonso de Fonseca, estudiante de la Universidad de Salamanca y arzobispo de Toledo, además de gran mecenas de las artes, se le debe la fundación del Colegio, cuyas obras dieron comienzo en 1521, según proyecto del entonces ya afamado arquitecto Juan de Álava. El edificio se construyó en varias etapas con la intervención de otros arquitectos: Diego de Siloe, diseñador de la portada, Rodrigo Gil de Hontañón, que amplió la capilla, y Alonso de Covarrubias. En 1557 se inicia el anexo de la llamada Hospedería, que tuvo distintas funciones a lo largo de los siglos, incluida la de facultad de Medicina ya en el siglo XX, y que en la actualidad aloja diversas dependencias de la Universidad de Salamanca. La ampliación de la sala rectoral (hoy conocida como de las pinturas) corrió a cargo de Juan de Sagarbinaga, a mediados del siglo XVIII, a quien se debe también el antiguo Colegio San Bartolomé o de Anaya, sede actual de la Facultad de Filología.

En este imponente edificio, joya del Renacimiento español, destaca en primer lugar la portada de 1529, coronada por el gigantesco medallón del apóstol Santiago en la batalla de Clavijo. A ambos lados del zaguán de bóveda de crucería se encuentran, respectivamente, el actual salón de la chimenea (antigua aula magna o paraninfo) con su hermoso artesonado, y la capilla que alberga el retablo de Berruguete y el sepulcro del arzobispo fundador. El patio es todo un prodigio de equilibrio, uniformidad y mesura, alrededor del cual se asientan las cuatro partes del edificio, de dos plantas cada una, comunicadas por dos escaleras que dan acceso a los dormitorios.

En 1827 el Colegio acogió por primera vez a los clérigos irlandeses, si bien a partir de 1830 tuvieron que abandonarlo para poder llevar a cabo reformas de cierto calado en el edificio. Por esa época se decoró con las pinturas actuales el salón rectoral, con evidentes reminiscencias neoclásicas en sus emblemas, pilastras simuladas y alegorías. En 1838 regresaron los irlandeses al Fonseca, donde permanecerían hasta el verano de 1936. El inicio de la Guerra Civil los sorprendió en su casa de retiro de Asturias. Desde allí retornaron a Irlanda y solamente se quedó en Salamanca durante un tiempo el rector. Durante la Guerra Civil, y en concreto, de junio de 1937 a mayo de 1939, el Colegio fue la sede de la embajada alemana.

Durante los mandatos de los rectores Madruga y Tovar tanto el edificio principal como la hospedería anexa pasaron a formar parte del patrimonio inmobiliario de la Universidad de Salamanca. El antiguo Colegio del Arzobispo, todavía conocido hoy día como de Nobles Irlandeses, se convirtió en residencia universitaria para profesores transeúntes e invitados. Hoy puede ser también utilizado como privilegiado lugar que acoge numerosos encuentros, congresos y conferencias, además de ofrecer los más selectos servicios de una hostelería de contrastada calidad en un marco único e incomparable.

Texto: profesor Román

El edificio fue trazado por Juan de Álava, pero tuvo una importante intervención posterior Diego de Siloe, que diseñó la portada y el patio, sin duda uno de los más bellos del Renacimiento español. Destaca también la capilla, con portada y nave de Álava, cimborrio, crucero y cabecera de Rodrigo Gil de Hontañón y retablo de Alonso Berruguete. Junto al Colegio se yergue la Hospedería, edificio en su origen destinado a alojar a los colegiales “huéspedes” que ya habían concluido sus estudios y se hallaban a la espera de colocación. Es un edificio barroco articulado también en torno a un patio y que actualmente aloja el Centro de Posgrado, Formación Continua y Actividades Culturales de la Universidad de Salamanca.

Texto: Ana Castro Santamaría